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Por pensar libremente
te pueden aplicar la ley de fuga.
Por expresarte,
te tiran a matar.

El término medio,
es el silencio:
(el que afirma por omisión).
La alternativa,
una máscara ambigua:
Complicidad por ignorancia.
Por no pensar,
estas bajo sospecha.
si te abstienes
te cuentan a favor.

Eres, por efecto del existir;
pero no tienes existencia en el ser.
Tu identidad real
es un fósil en la conciencia de rebaño:
El peritaje ideológico
te declaró culpable
por falta de pruebas.

Sólo te queda la resurrección
a través de los crucificados.
Nosotros, los marginados.

Los imperdonables,
los locos, los suicidas;
una especie de raros
que eligió la indisciplina del derecho
para cumplir con sus deberes soberanos.

Cuando todos los gritos se rompían ahogados
sobre la piedra fría de las oscuras celdas,
por la herida del hombre todo el cielo sangraba,
y al pie de su inocencia agonizaba el ángel.
Pero nadie escuchaba.

Por entre los barrotes, caótica y convulsa,
junto al rostro espantado, asomábase el alma.
Era el apocalipsis insolente.

El nuevo orden de las perversidades
estableciendo fraternidades viles
bajo el desprecio sinfónico del odio.

(Como campanas de pólvora colérica,
la oratoria furiosa
acompañaba el frenesí de los fusiles
en la justicia cero).

Sobre el trono de la traición definitiva,
la ira de la bestia solitaria
abrió las puertas de fuego del infierno
y en una llama brutal
devoró la esperanza.

Lejos del carnaval del genocidio,
la indiferencia abrazaba a la ignorancia
en una eufórica crueldad sublime.

Y a la sombra de judas y la muerte,
yo sé que muchas copas de silencio
se alzaron, y brindaron por el crimen.

— Ernesto Aquino, Cuba Gracias Instituto Amagi

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